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34º período de sesiones de la Conferencia de la FAO
Roma, 20 de noviembre de 2007
Intervención del Sr. Jack Wilkinson, Presidente de la FIPA
Señor Presidente, señores delegados:
Para la FIPA es un placer participar en esta 34ª Conferencia de la FAO.
El día 19 de octubre, el Banco Mundial lanzó su Informe sobre el Desarrollo Mundial 2008, dedicado, por primera vez en 20 años, a la agricultura. Nos sentimos complacidos con este Informe que reconoce el papel fundamental de la agricultura en la reducción de la pobreza y la desnutrición en los países en desarrollo. Si se le dotara de instrumentos adecuados, la agricultura tendría un papel determinante en el empleo mediante la creación de productos agrícolas con valor añadido y como estímulo para una demanda creciente de todos los productos y servicios en las zonas rurales.
Está muy claro que la actitud de muchas organizaciones internacionales, de seguir actuando “como toda la vida”, no arrojará los resultados que espera la FIPA. Todos tendrán que modificar su forma de proceder si se pretende reducir, de un modo significativo, la cifra de 864 millones de personas desnutridas que hay en el mundo.
Hay quienes opinan que corregir las cifras macroeconómicas sería suficiente para que la agricultura desempeñe el papel que le corresponde y se cree riqueza, alcanzando ésta a las familias de agricultores. Algunos piensan que todo iría bien si simplemente se duplicaran las cifras de la ayuda para el desarrollo y el número de proyectos. Otros, sugieren que la respuesta, para el futuro, estaría en contar con más semillas y abonos.
Todas esas ideas son pertinentes, pero la FIPA entiende que los agricultores, antes que nada, tienen que organizarse para actuar en forma colectiva por intermedio de estructuras de comercialización y de cooperativas. De no potenciarse a los agricultores en los mercados, en sus comunidades rurales y en sus países, otros -ciertamente no los productores y menos aún los pequeños agricultores- se aprovecharán del actual auge del sector agrícola.
Esto es algo tan obvio como difícil de comprender por los burócratas y economistas. Los precios de los productos básicos ya han estado en niveles altos y no por ello cambió la vida de los productores en pequeña escala de los países en desarrollo; esta vez tampoco se dará el caso si no modificamos nuestra forma de entender el desarrollo.
El nuevo nivel de precios que han alcanzado muchos productos básicos no debe ser entendido por los gobiernos como un problema a largo plazo, sino como la mejor oportunidad que hayamos tenido en muchos años para estimular la producción. Ha llegado el momento de trazar planes nacionales, en colaboración con las organizaciones de productores, para llenar las necesidades alimentarias de los países. Los agricultores producirán para un mercado rentable si reciben de los gobiernos esa señal de precio y si se establece una infraestructura adecuada que permita que sus productos satisfagan las necesidades de los consumidores.
Recordemos porqué llevamos la agricultura a la Ronda Uruguay. Los excedentes mundiales y el uso abusivo de subvenciones a la exportación estaban destruyendo la viabilidad de los agricultores en los países desarrollados y en desarrollo, como consecuencia de precios excesivamente bajos. Hoy en día esos excedentes ya no existen y rara vez se recurre a las subvenciones a las exportaciones. Los precios envían, ahora, una señal de estímulo a la producción y la pregunta a la que hay que responder es: “¿Tiene usted un plan para satisfacer la demanda de mayor producción?”
Si nos proyectamos hacia el futuro, los desafíos son múltiples: cambio climático, biocombustibles, pandemias y enfermedades, entre otros. El mayor de los problemas, sin embargo, está en la actitud de gobiernos y economistas, que no crean un espacio de políticas ni un entorno reglamentario que incentiven a agricultores y comunidades rurales a organizarse. Si no promovemos esa “revolución rural”, el crecimiento de la actividad económica en la agricultura no alcanzará a los más pobres y tampoco a los productores en pequeña escala.
Los agricultores podrán satisfacer las necesidades de un mundo cambiante sólo si se organizan y se les potencia y apoya para que resuelvan sus problemas.
Una vez que lo hayamos hecho, tendremos la posibilidad de dotarnos de seguridad alimentaria y alcanzar nuestros objetivos de desarrollo rural.







