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Convencion anual de la National Farmers Union
Palabras del señor Jack Wilkinson, Presidente de la FIPA
Lexington, Kentucky, 26 de Febrero de 2005
Muy buenas tardes:
Es para mí un placer encontrarme nuevamente con mis colegas y amigos productores agrícolas de la Farmers Union. No hace mucho, en Mayo y Junio últimos estuvimos juntos en Washington D.C., donde la NFU acogió el 36º Congreso Mundial de Productores Agrícolas de la FIPA. Fue la primera vez en 29 años que un Congreso de la FIPA tenía lugar en Estados Unidos, y fue sin duda inolvidable. La acogida fue extraordinaria y tuvimos una asistencia récord de 400 dirigentes productores de más de 70 países. El Congreso de Productores Agrícolas es el evento estrella de la FIPA, y en nombre de nuestros líderes agrícolas y de los representantes de otras organizaciones que llegaron hasta Washington D.C., quiero agradecer a Dave Frederickson y a su equipo por el magnífico trabajo realizado.
Como Presidente de la FIPA, para mí es importante asistir a todas las reuniones de productores agrícolas nacionales posibles, porque esto me ayuda a formarme una idea de quiénes somos en la FIPA y qué necesitamos hacer. Cuando uno le describe a la gente lo que es la FIPA, resulta bastante impresionante: 107 organizaciones nacionales en todo el mundo, que representan a unos 600 millones de familias de productores agrícolas. Pero para que la FIPA sea relevante para usted y para mí, necesitamos saber qué desean nuestros miembros y debemos hacer todos los esfuerzos ante las instancias correspondientes para que sea posible alcanzarlos a nivel internacional.
La forma en que la Farmers Union participa en la FIPA es un modelo en el sentido de cómo debemos estimular la participación de todos nuestros miembros. Es recurriendo a la FIPA para entregar su mensaje a nivel internacional como ustedes alcanzan beneficios, beneficios reales que resultan de participar en un trabajo conjunto y de construir consenso para políticas proactivas. Es así como conseguimos realmente comprender a otros productores agrícolas y sus problemas, y como creamos soluciones prácticas aplicables, a las cuales los gobiernos tienen que prestar atención.
Los gobiernos no nos prestan atención sólo porque tengamos una buena idea, sino más bien porque tenemos un buen abogado. Esa es la fuerza que la FIPA tiene que continuar desarrollando. La FIPA constituye una organización única en la cual los productores agrícolas pueden presentar temas en instituciones internacionales con la fuerza que le dan los 600 millones de personas que la respaldan. Nos hemos convertido en mejores lobbistas internacionales, pero queda mucho por hacer. En el pasado, la FIPA fue una plataforma de políticas en la cual los dirigentes de los productores agrícolas de todo el mundo podían compartir sus problemas y descubrir qué pasaba realmente entre sus colegas de otros lugares del globo, y con suerte identificar soluciones que pudieran ser adaptadas para el trabajo en sus respectivos países, es decir, a nivel nacional.
Aunque esta siga siendo una de las facetas de la FIPA, muchos de los problemas que los afectan a ustedes y a mí se originan en decisiones internacionales: negociaciones comerciales de la OMC, convenios medioambientales internacionales, políticas de competencia internacional o la falta de la misma, normas alimentarias internacionales en el Codex Alimentarius, p. ej., en cuanto a etiquetado, decisiones en la OIE sobre tratamiento de animales, enfermedades, utilización de hormonas, etc.
Todas estas decisiones repercuten finalmente en los predios de todos ustedes.
Nuestro futuro como productores agrícolas estará determinado en gran medida por la agenda internacional, y la FIPA se encuentra presente allí para garantizar que se escuchará nuestra voz.
Cuando miro hacia el futuro, con un alcance de 10 años, parece inevitable que este cambio de la toma de decisiones desde el nivel nacional al internacional pase a ser aún más intenso. El futuro de todos en este planeta está cada vez más interrelacionado.
Con la globalización, los productores agrícolas entienden la necesidad de adaptar las políticas agrícolas nacionales a una política mundial, a través de conjuntos de reglas aceptadas. En un mercado global, donde las empresas multinacionales están obteniendo productos de los agricultores de todo el mundo y vendiéndolos a los consumidores del mundo entero, los productores agrícolas necesitan reglas internacionales que garanticen un trato justo, que las normas sanitarias y de seguridad en otros países sean tan elevadas como en el propio, y que los mercados funcionen de modo competitivo.
En una economía global, las reglas tienen que ser globales. Sin embargo, los productores agrícolas no aceptan que la globalización del sistema agroalimentario sea una razón para que los gobiernos ya no les garanticen políticas agrícolas domésticas sólidas, adaptadas a las condiciones nacionales específicas. Debemos dejar en claro que los agricultores en todas partes deben estar en condiciones de alcanzar un nivel de vida razonable por su trabajo y, mientras yo sea Presidente de la FIPA, ese seguirá siendo nuestro objetivo.
Las decisiones adoptadas en relación con la operación de empresas multinacionales, en particular en el sector de la distribución al detalle, donde hasta el 70% del espacio en los anaqueles es ocupado por las marcas propias, tienen enormes implicaciones para los productores agrícolas y los consumidores. Este es en mi opinión uno de los problemas más serios que enfrentan hoy los agricultores de todo el mundo.
El trabajo en este tema dentro de la FIPA es conducido por el Presidente de la NFU, Dave Frederickson, y alabo lo que está haciendo. En el último Congreso de la FIPA en Washington D.C., presentó un documento sobre políticas denominado “Aspectos legales e institucionales de la concentración industrial en el sector agroalimentario”, que fue adoptado por unanimidad. Muchos de ustedes estuvieron allí y lo apoyaron. Junto con proposiciones sobre la organización económica de los productores agrícolas en el mercado, esta política constituye una de las piedras angulares del actual trabajo de defensa de la FIPA.
En un contexto de mercados mundiales básicamente imperfectos para productos agrícolas, y con decisiones de la OMC que limitarán la capacidad de los gobiernos nacionales para compensar a los productores agrícolas por las fallas del mercado local, los agricultores y sus organizaciones se encuentran solos para enfrentar directamente una industria alimentaria mundial poco sensible, dominada por enormes empresas transnacionales como Wal-Mart y Carrefour.
Estos gigantes controlan los mercados y están además asumiendo responsabilidades que habían sido hasta aquí dominio de los gobiernos. Están fijando normas de etiquetado privadas en varios países, imponiendo estándares de producción y entregando actualmente no sólo las semillas y los fertilizantes, el procesamiento, etc., sino también servicios de extensión sobre la forma en que los productores agrícolas deben operar. Pronto, y en algunos países ahora mismo, si usted no tiene un contrato con una multinacional (y no un contrato que usted haya negociado, sino más bien el contrato de ellos), simplemente no cultiva. Está congelado fuera del mercado como productor agrícola comercial. Usted puede ser capaz de suministrar los productos que ellos quieren, pero eso no importa si no han sido producidos y entregados en las condiciones que ellos fijan.
En Canadá, mi país, los productores agrícolas exportan anualmente $25 mil millones de dólares canadienses en productos agrícolas a nivel de la puerta del predio. Esto podría ser una historia de éxito, pero el año pasado obtuvimos un ingreso agrícola negativo, combinando todos los sectores, incluyendo los bienes de consumo administrados por la oferta. Los productores agrícolas canadienses son los mayores exportadores mundiales de carne de cerdo, y un importante exportador a nivel mundial de carne de vacuno, trigo, oleaginosas y otros. Como somos vecinos, ustedes lo saben, desde luego. Pero ¿cuál es el resultado? Con el actual sistema, por muy duro que hayamos trabajado la tierra, nunca será lo suficiente para que ganemos una parte razonable del dólar agrícola. Mientras los mercados de los alimentos y los mercados agrícolas sigan dominados por poderosas multinacionales que fijan las reglas en su favor, el productor agrícola seguirá siendo el hombre o la mujer que ocupa el escalón más bajo en el tótem.
Siempre tuvimos tiempos difíciles en nuestra calidad de agricultores para conseguir una parte justa del valor añadido de la cadena alimentaria, pero los gobiernos anteriores de los países desarrollados podían ser persuadidos de compensar el déficit en el ingreso. En los países desarrollados donde los gobiernos son incapaces o no les interesa apoyar a sus productores agrícolas, existe pobreza rural y hambre en vastas zonas.
Como Presidente de la FIPA, estoy trabajando con las organizaciones miembros para lograr que los productores agrícolas dejen de ser los socios perjudicados en la cadena alimentaria. Las condiciones contractuales tienen que ser razonables y no cabe discusión sobre la posibilidad de integrar a las familias de los agricultores como empleados de las multinacionales.
Existen muchos ejemplos de experiencias exitosas de productores agrícolas de la red de la FIPA, y es necesario compartirlas. Tenemos que observar en mayor detalle las diferentes estructuras de comercialización que utilizan los agricultores en todo el mundo y cuáles son los elementos esenciales que permiten su funcionamiento. Debemos observar en particular el tipo de ambiente regulatorio proactivo necesario. Para mí es claro que los productores agrícolas no pueden sobrevivir individualmente frente a las empresas multinacionales en un entorno de laissez-faire.
La respuesta a este problema fundamental de los mercados y de las políticas tiene que provenir del movimiento agrario, y la FIPA se encuentra bien posicionada para ayudarlo. Hasta el momento, las únicas respuestas de los gobiernos son recortes en los programas agrícolas y reducción de las tarifas a las importaciones. Para mí, estas no son respuestas suficientes para la magnitud del problema.
Las organizaciones de productores agrícolas deben tener una estrategia proactiva en este tema, si queremos defender con éxito los ingresos de nuestros miembros. Tenemos que movilizar una acción internacional para fortalecer la capacidad de las organizaciones de productores agrícolas. Nuestra cooperativas en Estados Unidos o Canadá pueden parecer grandes dentro de nuestros países, pero desde luego no son grandes en un contexto global. Sin embargo, las organizaciones de comercialización de los agricultores se encuentran a menudo bajo la mira durante las reuniones intergubernamentales. Al Consejo Triguero Canadiense (Canadian Wheat Board), por ejemplo, controlado por los productores agrícolas, se le enrostra a menudo para que demuestre que no está contra el principio de la competencia. Comparen ustedes eso con la situación de Wal-Mart, que es el vendedor al detalle con mayor crecimiento a nivel mundial. Puede continuar expandiéndose y vendiendo productos por debajo del costo de producción, y eso le parece OK a los reguladores gubernamentales. El derecho de los productores agrícolas a organizarse tiene que ser parte clave de nuestra estrategia para conseguir un funcionamiento justo de los mercados. Las políticas sobre competencia y la legislación anti-monopólica tienen que pasar a ser parte de una ley internacional que regule el comportamiento de las empresas multinacionales.
Debe invertirse un esfuerzo particular para ayudar a organizar a los productores agrícolas en los países en desarrollo. Se trata de un asunto crítico no sólo para los agricultores del Sur, sino también para los de los países desarrollados como Estados Unidos y Canadá. Gran parte de la discusión en torno a la reforma de las políticas en los países de la OCDE se justificó sobre la base de los efectos negativos que podrían tener sobre los agricultores de los países en desarrollo. En la OMC, las actuales conversaciones sobre comercio están enfocadas en la ayuda a los países en desarrollo: esta Ronda se llama la “Agenda de Doha para el Desarrollo”. Me queda claro que el futuro de las políticas agrarias en los países desarrollados se está jugando en gran medida en discusiones sobre la forma en que ellas impactan a la agricultura de los países en desarrollo.
Quisiera ver a las organizaciones miembros de la FIPA en los países desarrollados estrechando contactos con sus Ministerios de Cooperación para el Desarrollo para lograr que éstos se aboquen a la necesidad de construir una capacidad de marketing y de lobby de los productores agrícolas de los países en desarrollo. Es demasiado fácil decir que todos los problemas de los países en desarrollo son culpa de los productores agrícolas de los países del Norte, cuando al mismo tiempo el Banco Mundial entrega apenas 8% de sus préstamos a la agricultura, cuando los mismos gobiernos de los países en desarrollo asignan menos de 5% de sus presupuestos nacionales a la agricultura y cuando la asistencia bilateral al desarrollo para la agricultura se ha reducido a la mitad de lo que era hace 20 años.
La FIPA está luchando para lograr que la agricultura vuelva a ser una prioridad en la agenda internacional, y está promoviendo intensamente acciones que ayuden al fortalecimiento de los productores agrícolas en el mercado, como elemento clave de una estrategia contra la pobreza y contra el hambre. Organizaciones tales como la FAO y el Banco Mundial necesitan hacerlo suyo, y desarrollar programas que generen las condiciones necesarias para que los productores agrícolas puedan competir en el mercado, en especial en sus mercados locales. La FIPA ha desarrollado su propio programa de cooperación para el desarrollo a escala modesta, con el fin de fortalecer las organizaciones de productores agrícolas en los países en desarrollo, y yo sé que la NFU está participando en ello. Debemos ver cómo cooperar adicionalmente en este sentido en el futuro.
He hablado mucho sobre fortalecer al productor agrícola en el mercado, porque es un punto fundamental para la rentabilidad de la actividad y para estimular a los jóvenes para que continúen en el campo. En nuestra condición de organizaciones de agricultores, ocupamos gran parte de nuestro tiempo en hacer lobby frente al gobierno en busca de buenas políticas agrícolas. Sin embargo, no es suficiente.
Los productores agrícolas, y en particular los futuros productores agrícolas, deben estar en condiciones de gozar del mismo nivel de vida y calidad de vida que gozan los otros ciudadanos. El tema de esta convención lo refleja muy bien: “Rentabilidad y calidad de la vida rural”.
Es poco frecuente, efectivamente, encontrar una comunidad rural que goce del tipo de servicios con que cuenta la gente de la ciudad. De hecho, la mayoría de los gobiernos no parecen tener en absoluto una política de desarrollo rural, y aplican simplemente las reglas urbanas en todas partes. A veces conseguimos un plus en las reglas urbanas cuando se aplican a las zonas rurales, pero esto no sustituye una política de desarrollo rural efectivamente integrada.
Las políticas de infraestructura se basan en el número de usuarios, y eso deja atrás las zonas rurales. Cuando la era de Internet llegó a las ciudades, la mayoría de los productores agrícolas de Canadá seguían teniendo sus teléfonos en líneas compartidas. Afortunadamente tenemos hoy teléfonos celulares y comunicaciones por satélite, pero eso ocurrió sólo porque la gente de la ciudad lo quiso, y nosotros los conseguimos por añadidura.
¿Y qué decir del sistema fiscal y de financiamiento? El sistema de financiamiento favorece a las grandes escuelas, de modo que las escuelas rurales locales se cierran. Las familias rurales tienen que enviar a sus hijos a escuelas distantes en autobús. Las actividades deportivas exigen largos trayectos en automóvil para los padres rurales, los servicios de banco se encuentran lejos. Los médicos generalistas son una especie en extinción en el Canadá rural: los doctores prefieren trabajar en hospitales en zonas metropolitanas donde ganan mejor con un horario más reducido.
Hoy los productores agrícolas tienen buena educación y tenemos opciones. Nuestros dirigentes en el gobierno deben entender que las comunidades rurales sufren una situación muy dramática por la falta de apoyo en servicios. Los productores agrícolas no se mantendrán como tales sin una oportunidad de trabajo local para sus esposas, sin deportes locales para sus hijos, sin escuelas próximas y sin servicios médicos. Ese es el mensaje que nuestras organizaciones de productores agrícolas deben transmitir a los políticos, y a la sociedad civil que se preocupa de la vida rural.
Las organizaciones de productores agrícolas necesitan desarrollar una nueva relación con el gobierno. En la medida que la cadena alimentaria pasa a ser cada vez más dominada por un puñado de grandes empresas multinacionales, los productores agrícolas son presionados para transformarse hacia una agricultura en cada vez mayores dimensiones para lograr economías de escala y reducir costos. Explotaciones agrícolas más grandes implican menos productores, y menos productores implican menor provisión de servicios locales y así terminamos en una espiral decreciente. Conseguimos tractores cada vez más grandes para cubrir mayor superficie; trabajamos por la noche porque los tractores tienen luces; obtenemos más créditos bancarios para financiar nuestras operaciones, y a pesar de todo eso, las cosas no son siempre positivas en cuanto a rentabilidad.
De modo que tenemos dos problemas. Uno es la falta de buenas políticas agrícolas, en particular para contrarrestar el poder de las multinacionales. El otro es la falta de una política de desarrollo rural y de servicios rurales adecuados.
El modelo “sólo libre mercado” se ha impuesto sobre la agricultura durante demasiados años, y no es un entorno ideal. ¿Pueden ustedes imaginar a países como China o India, donde la mayoría de la población es rural, reduciendo su población agrícola a apenas 1 a 2% en 20 años, como lo hemos hecho nosotros? Significaría expulsar cientos de millones de personas hacia megaciudades de enormes proporciones, con todos los problemas que acarrearía. Unos pocos dólares utilizados en el desarrollo rural me parecen una mucho mejor opción.
Para cerrar el mensaje, quiero dejarlos con lo siguiente. La presión internacional sobre los gobiernos funciona si está bien coordinada. Tenemos una buena historia que contar. Los productores agrícolas aportan alimentos de gran calidad, ropa y productos forestales a una población mundial creciente. Somos los administradores de la mayor parte de los recursos de tierra y agua del planeta. Garantizan la vitalidad de las comunidades rurales. Hacia el futuro, estamos llamados a duplicar la producción de alimentos en el año 2050, con la misma base de recursos y sin dañar el medio ambiente. Lo haremos como siempre lo hemos hecho: pero necesitamos a cambio un ingreso justo por nuestro esfuerzo. Ustedes y yo sabemos que esto no ocurrirá simplemente porque lo merecemos. Tenemos que movilizar a nuestros miembros en la FIPA para presionar hacia un consenso internacional que establezca nuevos mecanismos regulatorios y reglas internacionales, de modo que las empresas multinacionales en el sistema alimentario mundial no puedan seguir explotando a las familias de los productores agrícolas. También debemos hablar a los gobiernos sobre una forma justa de compartir los costos mediante sistemas de trazabilidad, remuneración justa por los servicios medioambientales que prestan los agricultores, impuestos justos y programas de seguridad social para los productores agrícolas que sean por lo menos tan favorables como los de otros negocios en las zonas rurales, y un suministro adecuado de servicios locales.
Si la actividad agrícola lo logra un trato justo, perderá a sus jóvenes y así perderá su futuro.
Les deseo una gran Convención.







