Conferencia sobre productos básicos de la FIPA
 
Brujas, Bélgica, 19 de abril de 2005
 
   
Informe sumario de la Sesión plenaria
 
   

Sesión de apertura

 

Jack Wilkinson, presidente de la FIPA abrió la sesión plenaria, a lo cual siguieron las palabras de bienvenida de Noel Devish, presidente del Belgian Boerenbond. Los dos oradores ambos señalaron el hecho de que la conferencia de la FIPA sobre productos básicos constituye una buena oportunidad para debatir acerca de la crisis  de los mismos y sus efectos sobre los ingresos de los productores. 

 

La crisis de los productos básicos: Una prioridad de la FIPA

 

Isabelle Mamaty, analista de productos básicos de la FIPA, presentó un documento introductorio que sintetiza cuáles son las diferentes herramientas utilizadas para enfrentar la crisis del mercado de productos agropecuarios básicos a nivel nacional e internacional. También resaltó el trabajo llevado a cabo por la FIPA en esta área. Según ella, la crisis del mercado de productos básicos se caracteriza por una caída a largo plazo de los precios al productor y por la volatilidad de los mismos a corto plazo. Diferentes abordajes fueron propuestos como respuesta a dicha crisis.

 

El primer abordaje consiste en la búsqueda de políticas nacionales e internacionales que posibiliten una mejor organización de los mercados, de manera de mantener el equilibrio entre la oferta y la demanda. Sin embargo, muchas de estas políticas han sido desmanteladas a nivel nacional, mientras que, a nivel internacional, todos los acuerdos sobre productos básicos puestos en práctica en la década del ’70 sucumbieron a fines de los ochenta. 

 

El segundo abordaje se relaciona con los mecanismos de compensación, es decir, con políticas para contrarrestar los efectos de la inestabilidad de los mercados y los precios poco rentables. Los dos planes que suelen mencionarse son la Financiación Compensatoria del FMI y el sistema STABEX de la Unión Europea, establecidos bajo los acuerdos de Lomé, celebrados con países de África, el Caribe y el Pacífico. Este mecanismo fue reemplazado por el FLEX en el nuevo Acuerdo de Cotonou, que tiene objetivos más amplios y criterios de elegibilidad estrictos.     

 

Además, se está utilizando otra generación de herramientas con un enfoque en el sistema de manejo de riesgos basado en el comportamiento del mercado. También hay otras alternativas propuestas, tales como la celebración de contratos más largos entre productores y compradores y los fondos voluntarios para los productos básicos, que cuentan con el aporte de países importadores. 

 

Mamaty explicó que, para la FIPA, una parte sustancial de la mejora en el funcionamiento de los mercados internacionales de productos básicos reside en abordar el problema de la concentración de los mismos mediante el fortalecimiento de las políticas en materia de competencia y de la organización de los agricultores para la comercialización de sus productos; en otras palabras, en “dar poder a los productores en el mercado.”  

 

La FIPA cuenta con su propio programa de capacitación, a través de Agricord, para lograr el fortalecimiento de las organizaciones de agricultores de países en desarrollo. Además, participa en los debates sobre estándares a cumplir por parte del sector privado para el logro de una agricultura sostenible. Es muy importante para los agricultores que tales estándares incluyan la “sostenibilidad económica del productor”, por ejemplo a través  del pago de precios razonables por sus productos. La FIPA también está trabajando con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para crear conciencia de que el hecho de que las compañías multinacionales exploten a los pequeños agricultores es tan inaceptable como el no respetar las normas laborales básicas o no seguir las prácticas medioambientales que corresponde.  

 

Situación y panorama de los mercados internacionales de productos básicos

 

Martín von Lampe, de la División de Mercados y Comercio de la OECD, dijo que su organización –en forma conjunta con la FAO–  ha creado un modelo macroeconómico para realizar la proyección de la evolución futura de los precios de los productos agrícolas. Sobre la base de tal modelo la OECD ha estimado que los precios reales permanecerán estancados y que los mismos descenderán durante el período 2004-2005.

 

Los supuestos principales de este modelo se basan en la continuidad de las  tendencias actuales a nivel nacional, regional e internacional, a saber: la rápida expansión mundial (desacelerada por la suba de los precios del petróleo en 2004), un crecimiento amplio y sostenido en el mediano a largo plazo, la debilidad del dólar frente a la mayoría de las divisas de los países miembro de la OECD, los niveles relativamente bajos de inflación, la desaceleración del aumento de la población, la vigencia de la Ley de Seguridad Agrícola e Inversión Rural (FSRI) de 2002, la reforma de la Política Agrícola Común de 2003 de la Unión Europea y el programa Todo Memos Armas (TMA), el aumento a 25 de la cantidad de países miembro de la UE, la vigencia de los compromisos del Acuerdo Agrícola de la Ronda Uruguay (URAA) –sin nuevos acuerdos en la OMC ni incorporaciones a la misma– y la continuidad de los tratados regionales existentes (por ejemplo, el NAFTA). 

 

Considerando sólo unos pocos productos basicos, los resultados principales que arrojan las proyecciones para el período 2004-2005 son los siguientes: un mayor aumento del precio nominal del arroz con respecto al trigo, al maíz y a las oleaginosas, pero, al mismo tiempo, con un estancamiento y una disminución de los precios reales; un mayor descenso del precio nominal del azúcar; una baja en el precio de la carne con respecto al nivel relativamente alto de 2004; el mantenimiento de los precios de los productos lácteos en sus valores actuales –luego de la caída que sufrieron con respecto a los valores máximos de 2004– y un aumento de la producción –sobre todo de oleaginosas– de los países en desarrollo y emergentes. 

 

Para concluir, von Lampe sostuvo que la situación descripta anteriormente depende de la ocurrencia y de la magnitud de varios factores, tales como de qué manera se verá afectado el comercio por los cambios y preferencias dietarios (por ejemplo, las importaciones de cereales disminuyen al aumentar las importaciones de productos de mayor valor) y el aumento del flujo neto de exportaciones (exportaciones menos importaciones) de los países miembro de la OECD a los países en desarrollo. Además, sostuvo que tales factores pueden ser influenciados por la dificultad de los agricultores para interactuar en la cadena alimentaría y por las políticas de los países miembro y no miembro de la OECD, como por ejemplo, los subsidios en China y el cambio en la política cerealera de este país. 

 

El funcionamiento de los mercados internacionales de productos básicos  para  los agricultores

 

El profesor Alexander Sarris, director de la División de los productos básicos de la FAO, señaló, al igual que el expositor que le precedió, que los precios reales de los productos agrícolas han estado disminuyendo durante los últimos 40 años. Sin embargo, agregó que la tendencia no ha sido la misma para todos los productos básicos. De hecho, los precios de la carne, la leche y las hortalizas han disminuido menos abruptamente que los de otros productos desde 1961 y han aumentado desde mediados de la década del ’80, mientras que los precios de otros productos básicos siguen cayendo.  

Sarris dijo que muchos factores son atribuibles a esta declinación, tales como el abrupto deterioro de los términos del intercambio de los productos agrícolas respecto de las manufacturas desde fines de la década del ’70, sobre todo para los países en desarrollo. Dicho deterioro ha sido de más del 60 por ciento en los países menos desarrollados (LDC) y en otros países en desarrollo. Sin embargo, a pesar de la disminución de los precios de los productos básicos, el poder de compra de los países industrializados ha aumentado, mientras que el de los LDC está disminuyendo. 

 

Al analizar las tendencias de la producción mundial, Sarris indicó que la participación de los países en desarrollo (excluidos los LDC) en la producción mundial ha aumentado para la mayoría de los productos básicos, por ejemplo, cereales, carnes, leche, oleaginosas, azúcar, frutas cítricas, banana, bebidas tropicales y cultivos textiles, mientras que la participación de los LDC se mantiene estable y la de los países industrializados ha disminuido.     

 

En cuanto al comercio, la porción de las exportaciones de los países en desarrollo (excluidos los LDC) sobre el total mundial está aumentando en lo que se refiere a  productos básicos de clima templado, como por ejemplo, cereales, carnes y oleaginosas, mientras que se mantiene estable en el caso de los productos tropicales.

Además de este análisis comercial, el profesor Sarris destacó los tres puntos siguientes: 1) desde fines de la década del ’80, los LDC se han convertido en importadores netos importantes de productos básicos, lo que ha dado lugar a que otros países en desarrollo se estén beneficiando a expensas de ellos; 2) los precios de los productos básicos de los países en desarrollo han experimentado  una volatilidad extrema; 3) los países en desarrollo están sufriendo el efecto de “pauperización por el aumento de las exportaciones”, es decir, están exportando más pero ganando menos, por ejemplo, en los casos específicos del café y el algodón. 

 

¿Qué determina los precios a largo plazo de los productos básicos? A esta pregunta, el profesor Sarris respondió que uno de los factores determinantes de los precios es la demanda inelástica de estos productos, sumada a la tecnología intensiva en mano de obra y al pago de salarios de subsistencia. También señaló que el deterioro de los términos del intercambio de los productos agrícolas se debe a la mayor tasa de crecimiento de la productividad de los factores de la producción (TFP) de dichos productos con respecto a TFP de los productos no agrícolas. 

 

Así, entre 1967 y 1992, la tasa promedio de crecimiento anual de la TFP industrial en los países en desarrollo fue del 0,62 al 0,92 por ciento, mientras que en los países industrializados la misma osciló entre el 1,91 y el 3,29 por ciento. En cuanto a la TFP agrícola, ésta fue del 1,76 al 2,62 por ciento en los países en desarrollo y del 3,35 al 3,46 por ciento en los países industrializados. En los países en desarrollo de menores ingresos el crecimiento promedio de la TPF agrícola fue del 1,44 al 1,99 por ciento, mientras que en la industria la misma osciló entre el 0,22 y el 0,93 por ciento. 

 

Hay, además, otros cambios en la estructura de los mercados de productos básicos que influyen en los precios, tales como el creciente avance de los supermercados, la importancia cada vez mayor de las economías de escala, la especialización en los eslabones superiores de la cadena alimentaría, el creciente monopolio en dichos eslabones y la porción cada vez menor del precio minorista que recibe el agricultor. Este ultimo factor es bien ilustrado por el caso del café, donde después de haber aumentado hasta más del 20 por ciento durante la década del ’70 y principios de la del ’80, la porción del ingreso de los productores sobre las exportaciones disminuyó casi a la mitad. Durante el mismo período, la porción de precio al por menor final de los países consumidores aumentó hasta más del ochenta por ciento.

 

Sarris sostuvo que la caída de los precios no se detendrá de un día para el otro y  que si no se toman medidas, particularmente con respecto a los LDC, la situación no mejorará, teniendo en cuenta que es probable que la liberalización del comercio agrícola por parte de los países industrializados no incremente en mucho los ingresos por exportaciones de los LDC. Además, el intentar lograr un mayor equilibrio de los mercados mediante acuerdos únicamente entre productores para el control de la producción y de las exportaciones es de difícil implementación. 

 

No obstante, Sarris explicó que algunas medidas, tales como la promoción de la demanda de productos básicos, podrían ser eficaces si hay compromiso y fondos. También la diversificación puede ser una posible solución para el mejoramiento de la situación. Sin embargo, tal solución enfrenta algunas restricciones en cuanto a diferenciación de los productos, diversificación mediante la elaboración de productos procesados para la incorporación de valor agregado, constricciones que imponen los aumentos arancelarios, barreras de los mercados y condiciones de la oferta.   

 

Sarris agregó que la mejor solución acorde con el objetivo de mitigación de la pobreza consiste en aumentar la productividad de la mano de obra en la producción de productos básicos agrícolas en los LDC mediante el aumento de los salarios y el mejoramiento tecnológico a nivel de establecimiento agrícola. Esto debería ir acompañado por un aumento de la superficie de las explotaciones, un incremento del patrimonio de los productores (educación, capital propio y financiado), un mejoramiento de aquellos activos no relacionados directamente con la producción agrícola (infraestructura) y una mejor organización de los productores.  

 

Para concluir, Sarris subrayó algunas medidas que pueden llevarse a cabo en materia comercial. A nivel internacional, sugirió llevar a cabo actividades de capacitación para poder aprovechar las oportunidades comerciales y para poder participar efectivamente en las negociaciones. También sugirió ocuparse de las cuestiones que exceden lo estrictamente comercial para mejorar la comerciabilidad de los productos (empaque y clasificación, certificación, logística, financiación, etc.), hacer hincapié en un mayor acceso a los mercados en la OMC para lograr la eliminación de las crestas y escaladas arancelarias, apuntar a conservar y expandir las preferencias comerciales por productos procedentes de países de bajos ingresos, incluyendo posibles compensaciones por cambios en tales preferencias.

 

A nivel nacional, Sarris sugirió que deberían implementarse medidas de incentivo para aumentar la productividad y fortalecer la posición de los agricultores en los mercados, incluyendo, entre otras cosas la diversificación hacia productos de exportación en bruto y procesados, el mejoramiento del flujo de información a los productores y comercializadores referente a oportunidades de posibles acuerdos contractuales con supermercados y grandes empresas procesadoras.

 

 

Dar poder a los agricultores a través de una comercialización organizada: la experiencia canadiense

 

Laurent Pellerin, vicepresidente de la Federación de Productores Canadienses (FCA) y presidente de la unión de los productores agrícola del Quebec (UPA), describió el contexto que enfrentan los agricultores de su país. Se refirió en particular a las consecuencias de la liberalización del comercio y a la creciente concentración que se observa a todos los niveles de la cadena alimentaría. Así, en Estados Unidos, cuatro compañías controlan el 80 por ciento de la faena de ganado bovino y el 60 por ciento del procesamiento de pollos. En toda América del Norte, cuatro empresas controlan el 69 por ciento del mercado de semillas híbridas de maíz, y, en Canadá, tres minoristas abastecen de alimentos a los 7 millones de habitantes de Québec.  Esta concentración se está globalizando, lo cual implica un aumento de los desequilibrios entre la agricultura familiar y las corporaciones que operan en los eslabones superiores e inferiores de la cadena alimentaría de América del Norte.  

 

Consiguientemente, los insumos son cada vez más costosos, mientras que los precios de los productos se han mantenido estables desde hace muchos años. Según un informe de la FIPA, la brecha entre el precio que se paga al productor y el precio minorista se duplicó entre 1975 y 1994. Además, el ingreso neto de los agricultores sigue estancado en todo el mundo, o bien disminuye con demasiada frecuencia, a pesar del aumento de las exportaciones.

 

Basándose en datos estadísticos, Pellerin sostuvo que el ingreso neto de los agricultores de Canadá no ha aumentado, mientras que las exportaciones agrícolas sí se incrementaron entre 1970 y 2000. Además, afirmó que la liberalización del comercio no significó una mejora económica para los agricultores.  

 

Frente a esta situación, Pellerin se refirió a la gran utilidad de una ley puesta en vigencia en 1956 que establece un marco para las relaciones comerciales entre productores y comercializadores. De hecho, esta ley les permite a los productores negociar en forma colectiva y obliga a los compradores a negociar con ellos. También contiene cláusulas que regulan la conciliación de disputas. 

 

Un dato alentador es que entre 1995 y 2003 el monto de productos agrícolas comercializados colectivamente trepó de 3.100 a 4.300 millones de dólares canadienses al año, llegando al 80 por ciento del total comercializado. Sin embargo, esta situación no debería considerarse como un logro ya asegurado, puesto que los agricultores se enfrentan a  gigantes multinacionales como Wal-Mart, Nestlé, Cargill y Monsanto.

 

Pellerin dijo que para asegurar un control permanente por parte de los agricultores es necesario que exista un marco legislativo, que se deje el manejo de las juntas de comercialización en manos de los agricultores, que haya un sistema de formación de precios transparente y que se proporcione información a los agricultores en forma regular.  Además, el control y el manejo deberían ser fáciles de llevar a cabo y, por supuesto, los productores deberán responder a las expectativas de los consumidores.

 

Pellerin señaló que los agricultores deben explorar el mercado local antes de lanzarse al mercado internacional. Además, sostuvo que una mayor liberalización no garantiza mayores ingresos para los agricultores, y que, en realidad, podría producir el efecto opuesto. Es por ello que hay una urgente necesidad de organizar el comercio agrícola internacional más que de permitir una mayor liberalización de los mercados. Los agricultores y campesinos deberían tener una participación más activa en este debate y un rol central en la comercialización de sus productos a través de organizaciones de productores. Es mediante tal iniciativa que los agricultores podrían contribuir a lograr un mundo próspero y equitativo para todos. 

 

Ordenamiento de los mercados internacionales de productos básicos

 

El director del Fondo Común para los productos básicos (CFC) de la UNCTAD, Alí Mchumo, presentó el trabajo sobre desarrollo de productos básicos de su organización. El CFC es un organismo intergubernamental establecido en el marco de las Naciones Unidas. El acuerdo para su creación fue negociado bajo la égida de la UNCTAD, entrando en vigencia en 1989. Actualmente, el CFC cuenta con 106 países miembro. Además, entre su miembros institucionales se hallan la UE, la Unión Africana y el Mercado Común de África Oriental y Meridional (COMESA).  

Mchumo dijo que el CFC ha llevado a cabo muchos proyectos en materia de desarrollo de productos básicos a través de dos grupos de actividades principales, en forma conjunta con otras instituciones para el desarrollo, con el sector privado y con la comunidad.  

 

El primer grupo de actividades consiste en la acción dirigida a mejorar las condiciones estructurales de los mercados y la competitividad y perspectivas a largo plazo de productos básicos específicos. Incluye medidas en las áreas de investigación y desarrollo, mejoramiento de la productividad y la calidad, transferencia de tecnología, diversificación,  procesamiento, mejoramiento de la comercialización y acceso a los mercados. El CFC opera en las áreas de procesamiento y transformación de los productos y concentración de los mercados. Su objetivo consiste en incrementar los ingresos de los agricultores mediante el mejoramiento de su posición en la cadena de suministro y la incorporación de valor agregado a sus productos básicos.

 

El segundo grupo consta de actividades para la creación de mercados de productos básicos que ayuden a los países en desarrollo, en especial a los LDC, a funcionar eficientemente en una economía global liberalizada. Los proyectos en esta área incluyen la creación de mercados físicos, la facilitación de las iniciativas del sector privado y el manejo de riesgos relacionados con la fluctuación de los precios de los productos básicos.

 

Mchumo recordó que los productos básicos son la columna vertebral de la economía de la mayoría de los países en desarrollo, sobre todo de los LDC. Así, en muchos países de Latinoamérica y el Caribe, Asia y África representan más de la mitad de sus ingresos por exportaciones.

 

Desde la década del ’70, los precios internacionales de los productos básicos de los países en desarrollo han bajado, en muchos casos de manera abrupta. Esta disminución se explica por los permanentes desequilibrios entre la oferta y la demanda (por ejemplo, en los casos del café y el cacao), pero también por la creciente concentración de los mercados. De hecho, ésta dio lugar también a una reducción de los ingresos de los países productores y los agricultores, los cuales perciben una porción cada vez menor del precio minorista. Por ejemplo, el monto de la venta minorista de café asciende a 70.000 millones de dólares, de los cuales los países productores reciben solamente 5.000. Por su parte, los agricultores reciben un 4 por ciento del precio minorista del café y un 28 por ciento del precio minorista del cacao. En el caso de la banana, los países productores reciben el 12 por ciento del precio minorista y los agricultores sólo el 2 por ciento del mismo. 

 

Mchumo señaló que es necesario lograr un mayor acceso a los mercados de los productos básicos de los países en desarrollo. Esto podría conseguirse mediante la eliminación de los subsidios, las barreras comerciales y las crestas y escaladas arancelarias. En el caso de estas últimas, cabe señalar que mientras el 90 por ciento de los granos de cacao se cultivan en países en desarrollo, solo el 29 por ciento del polvo de cacao y el 4 por ciento del chocolate se procesan en los países productores. La reducción de la escalada arancelaria ha sido identificada como uno de los temas más importantes a abordar en el marco de las negociaciones agrícolas de la OMC. En el caso de los subsidios, en el año 2000 se otorgaron aproximadamente 350.000 millones de dólares –lo que representa un quíntuplo de la asistencia total internacional para desarrollo– para subvencionar la agricultura de los países de la OECD. Mchumo cito el caso de Malí, que recibió 37 millones de dólares de ayuda, pero perdió 43 millones como consecuencia de la disminución de los ingresos por exportaciones causada por los subsidios al algodón en los países industrializados.   

 

Mchumo dijo que las barreras técnicas y las medidas sanitarias y fitosanitarias constituyen también un problema para los países en desarrollo y que debería tenerse cuidado de que las mismas no constituyan un impedimento comercial para dichos países debido a su creciente complejidad y a su falta de armonización.

 

Mchumo subrayó cuatro tipos de medidas principales en materia de políticas estratégicas para mejorar la situación de los agricultores en los mercados de productos básicos, especialmente en los países en desarrollo.  

 

El primer tipo de medidas está relacionado con el mejoramiento de la cadena de comercialización mediante la mejora de la productividad y de la calidad y confiabilidad de los productos. Esto debería, además, combinarse con campañas de  promoción para estimular la demanda  Además, debería incrementarse el poder de negociación de los agricultores mediante una mejor organización y un mayor acceso al crédito y a la infraestructura.

 

El segundo tipo de medidas está vinculado con la diversificación, de manera de lograr que los países en desarrollo dependan menos de unos pocos productos básicos e incorporen valor agregado a sus productos de exportación.

 

El tercer tipo incluye medidas tendientes a hallar una solución viable para limitar las fluctuaciones de los precios de los productos básicos. Mchumo dijo que los programas de manejo de riesgo de fluctuaciones de los precios basados en el comportamiento de los mercados podrían ayudar a los agricultores en el corto plazo, pero también agregó que los productores de los países en desarrollo no tienen acceso a tales instrumentos.  A este respecto, el CFC y el Banco Mundial han iniciado actividades tendientes a coordinar la acción para el manejo de tales riesgos en África oriental, de manera de explorar nuevos abordajes basados en los mercados que ayuden a los países en desarrollo de dicha región a manejar mejor su vulnerabilidad a la volatilidad de los precios del café y el algodón.  Sin embargo, sería necesaria una solución a más largo plazo para la fluctuación de los precios de los productos básicos, una de las cuales podría ser la financiación compensatoria.  

 

El cuarto tipo de medidas identificado por Mchumo está relacionado con el desequilibrio de la oferta y la demanda. De hecho, hay una sobreoferta de muchos productos básicos. En las décadas del sesenta y setenta y principios de la del ochenta se propuso como posible solución la intervención en los mercados mediante el control de la oferta o la expansión de la demanda de determinados productos básicos a través de la celebración de Acuerdos Internacionales de Productos básicos (ICA). Sin embargo, estas medidas de intervención directa no tuvieron éxito y, actualmente los ICA aún vigentes se centran en mejorar el funcionamiento de los mercados. Mchumo sostuvo que la comunidad internacional debe crear medidas de carácter más permanente, las que deben implementarse mediante la cooperación entre productores y consumidores a través de una acción coordinada.   

 

Finalmente, Mchumo hizo hincapié en que debería proporcionarse capacitación comercial y asistencia técnica en materia de estándares sanitarios y fitosanitarios  a los países en desarrollo, sobre todo a los LDC.

 

Al finalizar esta sesión, los miembros de la FIPA presentaron los puntos siguientes a ser incorporados por la misma:    

  • La necesidad de un análisis más profundo que permita establecer las ventajas y desventajas de los diferentes instrumentos para hacer frente a la crisis de los mercados de productos básicos a nivel nacional e internacional.
  • Potenciar la participación de la FIPA en la acción que lleva a cabo a nivel internacional en lo que se refiere a concentración de los mercados mediante la consolidación de las políticas que regulan la competencia y de la organización de los agricultores en el mercado.
  • Reunir y presentar otros ejemplos de historias de éxito referentes al fortalecimiento de la posición de los agricultores en el mercado.